Eran las tres de la tarde y preparaba la comida, el calor en la cocina era intenso y puse la radio para llenar el vacío ambiental.
En el programa, los locutores presumían de que sus jefes al irse de vacaciones les habían dicho que no querían volver a verles, lo cual, aunque negativo, les permitía seguir machacando a los oyentes. Puesto que no es lo mismo en radio no querer volver a verte que no querer volver a oirte.
Las noticias del día son trágicas. Otro bombardeo de los israelitas sobre el Libano ha causado mas de cincuenta muertos, muchos de ellos niños. A causa de esto una manifestación espontanea se forma ante la embajada israelí en Madrid defendiendo el "no" a la guerra. Entrevistan a una mujer libanesa que pide que dejen de bombardear y que les dejen vivir, su voz se siente desgarrada por la tragedia.
Tras este revuelo se hace la calma y suena una voz dulce en un idioma como árabe, que canta el concierto de Aranjuez, la presentan, es cantante, pero también era la mujer que hablaba anteriormente en la manifestación.Acaba de grabar un disco que comenzo allí, en el Libano y terminó aquí obligado quizás por las circunstancias. Esta preocupada por su familia y dice que no hay motivo alguno para los bombardeos. Su país está pagando por su independencia y su pequeñez, lo que los judíos no se atreven a hacer con otros y pretenden con su destrucción dar un aviso a otros más grandes y no tan fáciles de atacar. Comenta que hace poco había en su país un turismo intenso y ahora han acabado con todo. Llevaban diez años tranquilos tratando de reconstruir su pais desde la última guerra y otra vez les han echado todo por tierra. Pero otra generación reconstruirá de nuevo todo.
Cuando expone que su disco saldrá a la venta aquí y en Libano cuando pueda, se echa a llorar. Dice que ese dinero será para ayudar a reconstruir su país en esa eterna lucha por que les dejen ser ellos mismos. Sin ayuda de nadie.
Si la independencia, la paciencia y el orgullo de un pueblo deben ser destruidos por intereses de halcones asesinos, espero que voces bellas y dulces como la de ella, en nuestra paz se junten y griten ante quien le incumba, como ella en la manifestación, de nuevo esas cuatro palabras "no, a la guerra".